Deja volar la imaginación; descubre al viento macerar la quietud para luego romperla y embestir la tormenta en expansión. Deja a los recuerdos cantar su canción, vuelo de estrellas orquestando la emoción.
Lágrimas, risas… qué más da si de vivir se trata, y no de amamantar la esquizofrenia del canto de un loco que quiso, en algún momento, volar y acabó de bruces con el mismo sol reflejado en la suela de sus zapatos.
Sombras y luces, versos maltrechos, cambios de última hora y desencuentros perpetuos. No caigas en la presunción: nadie es culpable, todos tienen la razón. Deshumanizar la imaginación es cortar las alas; en cambio, desentumecer los huesos te dará esperanzas para recomenzar, una y otra vez, las ganas de encontrar el camino hacia tu libertad, que solo con tus sueños se hará realidad.
P.D.:
Dejar volar la imaginación
es vivir la vida de otra manera;
es querer vivirla sin temor
a fracasar en el intento.
