Locura mística tejiendo la fragilidad de un momento de inocuidad donde nada importa; solo la inestabilidad producida por el efecto del tiempo enquistado.
Complejo e intuitivo, el corazón reclama el derecho de poder amar. Mirada inquisitiva al contemplar el equívoco o el acierto de aceptar el desorden de la confianza.
Vive y muere la trémula piel, desgastada de tantos besos y abrazos, mientras la distancia se encarga de envenenar el aliento en mi boca y el desconsuelo en su cielo.
Vulnerable la razón, soy dueño de mis actos, pero no de sus consecuencias. Creía que todo lo tenía y nada me faltaba: prepotencia inmaculada de sueños alados.
No te vayas, no me dejes. Todo importa. Nada es suficiente, como insuficiente lo es todo si no respiras el aire que afirma lo mucho que te quiero y lo poco que te lo digo.
P. D.: A veces olvidamos alimentar la verdadera razón del amor.
