Son dos sendas entrecruzadas: el caballero sin espada sobre el corcel intrépido, argumentando la fábula del día a día por un lado y, por el otro, la cruda realidad desgastando la imaginaria convivencia de dos centros sobre un mismo eje.
Frente a frente mi fuero interno y aquel que aprende a sobrevivir en el exterior; dos versiones de un mismo yo, dos colores girando a mi alrededor, dos interpretaciones para un mismo actor en su mejor papel de subsistencia: la vida.
Dualidad y premura para vivirla sin cortapisas, aun a sabiendas de las continuas disputas entre dos almas que habitan un solo universo.
P.D.:
No hay que desesperar cuando no acabamosde ponernos de acuerdo;no se trata de locura,sino de nuestras propias cuestiones sobre lo que nos rodea..