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Mostrando entradas de marzo, 2016

PRIMAVERA

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Llegó la primavera. Magistral luce la ciudad: colores de inconmensurable belleza, flores por aquí y flores por allá; un espectáculo increíble. Los aromas se entremezclan añadiendo a la atmósfera suntuosos ungüentos que enriquecen todo lo que nos rodea. ​El azul del cielo atestigua su osadía, mientras los naranjas en atardeceres y amaneceres recalcan que estamos en la mejor época del año. Los días se vuelven grandes, la noche pequeña, y la sonrisa se dibuja fácilmente en cada uno de los que murmuramos al viento que, al final, la felicidad es lo que cuenta. ​Aun así, hay mentiras, como en cualquier época del año. ¿Pero qué importa? No por ello vamos a dejar de contemplar la belleza de la primavera sobre nuestras cabezas. No hay que darle mayor importancia a lo que nos hace daño; hay que mirar por encima del hombro e intentar que nada emborrone el canto de los pájaros, el reflejo del sol en el mar o nuestros paseos bajo esa luna feliz que se empeña en llegar a la mañana...

VUELOS SOBRE LA PIEL

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Vuelos sobre la piel: reencuentros que no se pueden rebatir, suspiros confesados queriendo atenuar el tiempo y el velo de su paso girando a mi alrededor. ​Vuelos sobre la piel, sobre los silencios que rompen la liviandad de no dejar constancia en el papel. Extrañado y desorientado, en continua lucha sin cuartel, ambicionando no olvidar el recorrido de mis giros por el carrusel. ​Vuelos sobre la piel por los años que no quiero perder. Pudieran ser eternos o, quizás, tan efímeros como la juventud; mas no existen olvidos que me nieguen lo vivido ni la virtud de no perder la inquietud de recorrer nuevos caminos. ​Vuelos sobre la piel sobre lo que aún me queda por vivir, por aquello que aún me queda por sentir: un abrazo, una sonrisa, un revuelo y un guiño a mis vuelos sobre la piel... ​ P. D.: Consumiendo el tiempo sin dejar de sonreírle a la vida.

AL COMPAS

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Al compás de la memoria se retuercen los olvidos; decadencia premonitoria recortando los hilos. ​Pudo ser una victoria, los deseos establecidos; y, sin embargo, la moratoria solo fue para los sentidos. ​Érase una vez una sombra acurrucada a los pies, un canto llano y sordo en historias sin interés; ​alguna que otra lágrima y sonrisas por doquier, intentando mejorar el derecho del revés. ​Los paseos por la gloria debieran ser permitidos, renombrando la euforia de los sueños compungidos. ​Al compás de la memoria se retuercen los olvidos: perpetua caja mortuoria para los versos perdidos. ​ P.D.: Gracias, Alfonso Baro.

JUICIO

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                               Decapitar el amor trae consigo, a corto o largo plazo, contrariedades que suponen un juicio sin defensa y precipitado. ​El «pudo ser y no fue» consume las expectativas de quien se ve reflejado ante el espejo y no alcanza a ver más allá de su propia imagen; esa misma de la que se prescinde cuando centramos la vista en el amor que nos colma la vida. ​Cada momento conlleva su interpretación, incluso si se rescinda el contrato y decidimos abandonar nuestro propio yo a las consideraciones ajenas. ​La piel no tardará en resquebrajarse, revolcándose en la oscuridad de la tristeza, aunque bajo una perspectiva diferente. No hay nada mejor que dejarse llevar por el instinto de la continuidad; no cabe duda: merece la pena aquello que nos brinda felicidad. ​ P. D.: A veces dejamos escapar aquello que nos llena de verdad...