El azul del cielo atestigua su osadía, mientras los naranjas en atardeceres y amaneceres recalcan que estamos en la mejor época del año. Los días se vuelven grandes, la noche pequeña, y la sonrisa se dibuja fácilmente en cada uno de los que murmuramos al viento que, al final, la felicidad es lo que cuenta.
Aun así, hay mentiras, como en cualquier época del año. ¿Pero qué importa? No por ello vamos a dejar de contemplar la belleza de la primavera sobre nuestras cabezas. No hay que darle mayor importancia a lo que nos hace daño; hay que mirar por encima del hombro e intentar que nada emborrone el canto de los pájaros, el reflejo del sol en el mar o nuestros paseos bajo esa luna feliz que se empeña en llegar a la mañana cantando nanas...
P. D.: Se necesita una sonrisa para florecer.
