CUANDO TODO SE TAMBALEA A MI ALREDEDOR
Cada día que pasa estoy más convencido de que lo esencial es mantener la calma en un mundo perdido entre las agujas del reloj, observando cómo se construyen castillos de arena bajo la lluvia. En cada grano derramado entre los dedos hay un segundo menos de vida, pero el empeño… sí, el empeño es lo único que queda cuando todo lo que gira a mi alrededor empieza a temblar. Vivo atrapado en un pulso constante con el tiempo . La luz intermitente de los semáforos me advierte de la celeridad del día a día, eclipsado por el vértigo de las notificaciones. Y aun así, no dejo de buscar esa grieta diminuta por donde se filtra la vida, como ese rayo de sol terco y seguro de sí mismo que siempre encuentra algún resquicio entre las persianas cerradas para entrar y hacerse dueño del lugar. Hay días en los que siento que la vida es el tren que partió sin avisar; días en los que no dejo de correr por el andén, con los bolsillos vacíos , los zapatos polvorientos y, en las manos, un bole...