De igual forma que la acción de vivir es completada por la de morir, debo celebrar el despertar como si fuera la última vez que recibo la calidez del sol en mi piel.
De igual forma que se atestiguan falsos entuertos para desgastar los aciertos, en el momento del encuentro es innecesario resolver las dudas que caen por su propio peso.
De igual forma que los sueños se hacen fuertes al anochecer, sería inapropiado dejar de soñar: hay que reinventar al amanecer un nuevo comienzo y desterrar así los pesares.
De igual forma que el vértigo mejora la quietud del alma, es mejor dejarse acariciar por el viento, caminando con paso firme —cual funambulista— por el filo de la navaja.
P.D.:
No dejemos a los dragones
encerrarnos en las mazmorras;
nada es imposible girando a mi alrededor...
