Buscar la dualidad entre el cielo y el infierno, donde un rayo de sol se agradece tanto como la verdad. Solo hay que saber escuchar, dejar de temblar y vencer el miedo al despertar.
Rememorar los escalofríos frente a una caricia; dejarse llevar por los destellos de una sonrisa al descubrir la mirada propicia. Dejarse embaucar por cualquier premisa que te alegre el corazón y la razón.
No hay que buscar albores de pitonisa ni rincones para la risa: hay que dejarse llevar por la vida que sueña con ser poetisa y marcharse deprisa.
P. D.: Rememorar cada segundo de vida que no hemos desperdiciado nos alienta para continuar viviéndola.

