Se acabó, dejó de existir. El disco duro reposa como oro en paño en el rincón que guardé para él, como quien espera el milagro de su resurrección. Tu placa base dejó de latir.
Hacía tiempo que te costaba arrancar, te costaba procesar; fueron arreglos puntuales que no resultaron suficientes para mantenerte al compás. Compañero inseparable de locuras transitables, de versos sin rima, de dimes y diretes, de subidas al cielo y de caídas al infierno.
Te echo de menos. Echo de menos el teclear intrépido de mis dedos sobre el lomo de tu teclado, tus correcciones y tus desvelos. Echo de menos el vuelo que me daban tus alas, el devenir de mis pensamientos en pos de tu entrega...
Mas no queda otra cosa que esperar para poderte arreglar y, al fin, dejar explotar todo aquello que se empieza a almacenar sin ton ni son. Tan solo cabe esperar.
P. D.: Tan solo cabe esperar para poder continuar el camino.
