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TRECE DE OCTUBRE

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  Es el  calor de tu presencia, el color de tu amor, el dolor de tu ausencia, ese que está instalado en mi alma, es el todo que no se va, por más que pase el tiempo. Son las cicatrices que aparentan cerrar, pero debajo, laten  heridas que no terminan de sanar. Es la falta de tus risas, esas que no quiero olvidar, porque en ellas se reflejan la falta de luz que sufre la oscuridad. Es el brillo en tu mirada reflejado en mi recuerdo, devolviéndome por un instante, lo que ya no tengo. Es aprender a convivir con el vacío y aceptar tu ausencia, aunque el corazón siga negándose a ello. Es el tiempo que avanza, pero no conseguirá a pesar de los años, diluir la profunda huella de tu partida. Me aferro a tu sonrisa, a tu voz, a esos fragmentos de vida que compartimos, a sabiendas que, aunque ya no estás, sigues presente en mis recuerdos y en cada rincón de mi ser. Es el dolor que persistirá por siempre y aceptarlo no significa ni significará dejar de sentirlo, y aún aprendiendo a v...

TRECE DE OCTUBRE

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Pudiera parecer que el tiempo cura las heridas, que los sueños tarde o temprano acaban por cumplirse, que el amor se pega a la piel como el aire cuando sopla de frente, que tras mucha oscuridad siempre hay un rayo de luz que ilumina lo suficiente como para recordarlo conscientemente. ​Pudiera parecer que, desde que te fuiste, sigues ausente; nada más lejos de la realidad. Las ausencias, como las consecuencias, siguen siendo un estado del alma que consiente la dolorosa pérdida, pero no concibe dejar de acariciar los recuerdos de tu presencia más allá de lo evidente. ​Pudiera parecer que todo se termina cuando el vacío se hace dueño de lo eterno; que no es huida, sino la partida hacia algún lugar más allá de la conciencia, más allá de lo efímero, porque el amor no es pasajero, tampoco se pierde por cualquier derrotero y aún menos siendo sincero. ​Pudiera parecer que no estás, pero estás… girando a mi alrededor. ​ P.D.: Por mucho que pasen los años, y como cada trece de octubre, de...

TRECE DE OCTUBRE

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Como cada día, revolotea tu ausencia tras el cristal. Los primeros rayos de sol se dejan entrever a través de los cortinajes; como cada mañana, juegan al gato y al ratón, rodeados de miradas inquietas, de sutiles movimientos y de continuas danzas en sombras que retoman el compás del viento. ​Es el tiempo en sueños maltrechos, en anhelos perpetuos que, por escurridizos, no dejan de ambicionar el destierro; mas no habrá olvido, sentimientos o razón para desvanecer tu recuerdo girando a mi alrededor. ​Como cada día, como cada trece de octubre, reinvento la osadía de mantener la emoción al coronar la intención y tenerte a mi lado como el primer día. ​ P. D.: Como cada trece de octubre.. .

TRECE DE OCTUBRE

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      He dejado de creer que el tiempo acabe cerrando las heridas. Ha transcurrido demasiado tiempo y, aun así, el corazón sigue prisionero, malherido y descolorido; maltrecho por la ausencia. ​Y aunque los sueños queramos alcanzar, solo se nos permite despertar, porque los sueños cuentan con un final. No basta con recrear el lugar, tampoco con alargar la espera. ​No quiero ponerte triste: es verdad que el tiempo nos ayuda a ordenar los sentimientos, pero también es verdad que el desconsuelo de la ausencia seguirá siendo eterno. ​ P.D.: ​Por mucho que pasen los años, como cada trece de octubre girando a mi alrededor, mis palabras recuerdan tu ausencia...

TRECE DE OCTUBRE

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       Ajustando la métrica de los sueños ingrávidos, donde la asimetría de los sentimientos empuja los llantos en la oscuridad. Como cada trece de octubre, como cada día, toca renacer por dentro. Tal cual, como el alba al amanecer. ​Porque no existe la sordera del corazón ni tampoco la distracción de los sentidos; santos y locos que buscan auxilio perpetuo en recuerdos que nunca desaparecerán. Son estelas del pensamiento marcando el ritmo de la vida y su carrusel girando a mi alrededor. ​Mágica luz entre la opacidad del destino y la fragilidad que alimenta el tiempo y su largo camino. Sigo vivo, interpretando la dicha de sentirte a mi lado, de contrarrestar el paso de los años por las ausencias y el reencuentro que aún está por descifrar. ​ Pd: No existe el tiempo, tampoco el olvido, si te esfuerzas en reinventar un paso después del otro...