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POR MUCHO QUE TE BUSQUÉ

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  ​ ​ Por muchos lugares que visité, por mucho que te busqué , nunca te pude encontrar. ​Tu imagen se refleja en cada rincón, en cada escaparate, en cada ventana de una calle que no es la mía. Creo reconocerte en cada desconocida que pasa a mi lado, y miro sus rostros buscando ese destello que perdí, esa luz que se esconde detrás de tus ojos. Pero solo encuentro caras ajenas, espejos rotos que me devuelven a una realidad que no quiero aceptar. ​Me pregunto si eres real, si el recuerdo que tengo de ti es algo más que el producto de mi propia imaginación. Quizás solo fuiste parte de un espejismo en la niebla que se forma en mi mente desde el día en que te vi. Un sueño tan vívido que he confundido con la verdad. ​Caminé por la acera que tantas veces creí que me cruzaría contigo, me detuve en cada esquina donde pensé que te volvería a ver , en cada ascensor donde creí que coincidiríamos.  Mi corazón se acelera con cada sombra que se parece a la tuya, con cada silueta que pare...

CAMINANDO

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  Caminando solo, sin rumbo, de regreso a ninguna parte. Girando a mi alrededor vuelvo al punto de partida, abrazando el silencio, arañando infinitos argumentos para reinventar los mismos sueños. ​En mis manos, la sombra de las tuyas, mientras la brisa acaricia mi boca desahuciada desafiando a la noche, que huele a tu ausencia. Tanto que respirar y tan poco espacio para hacerlo. ​Juegos y destellos de incertidumbre. Atrás quedó la dulzura adosada a tu mirada, el calor de un gesto, de una palabra o de un sueño. No… no sueño. Despierto escuchando tu respiración y te abrazo; te abrazo mientras se disipan las pesadillas que ya no importan… ​ P.D.: Solo hace falta despertar a tu lado para disipar las pesadillas que ya no importan...

TRECE DE OCTUBRE

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       Ajustando la métrica de los sueños ingrávidos, donde la asimetría de los sentimientos empuja los llantos en la oscuridad. Como cada trece de octubre, como cada día, toca renacer por dentro. Tal cual, como el alba al amanecer. ​Porque no existe la sordera del corazón ni tampoco la distracción de los sentidos; santos y locos que buscan auxilio perpetuo en recuerdos que nunca desaparecerán. Son estelas del pensamiento marcando el ritmo de la vida y su carrusel girando a mi alrededor. ​Mágica luz entre la opacidad del destino y la fragilidad que alimenta el tiempo y su largo camino. Sigo vivo, interpretando la dicha de sentirte a mi lado, de contrarrestar el paso de los años por las ausencias y el reencuentro que aún está por descifrar. ​ Pd: No existe el tiempo, tampoco el olvido, si te esfuerzas en reinventar un paso después del otro...

A CÁMARA LENTA

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A cámara lenta fluyen los minutos girando a mi alrededor. Parecieran horas, pero no dejan de ser segundos en un cuenco de ilusiones; borbotones de palabras que aguardan el momento, buscando la oportunidad de derruir la incertidumbre y reconstruir su sombra en la pared. ​Con arena en los bolsillos, tal vez, pero contribuyendo al mágico instante en que la vida suena como un susurro en nuestros oídos. A cámara lenta, un suspiro y una razón para seguir respirando en un mar de sueños inquietos, de olas silenciosas rompiendo en la almohada. ​A cámara lenta, mientras la oscuridad no deja de empapar el corazón de quien sufre en silencio los avatares del tiempo. ​ P.D.:   A cámara lenta, palabras que necesitan buscar el momento.

TRECE DE OCTUBRE

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No duelen los años, y sí las ausencias. ​No duelen los olvidos cuando existe la indiferencia, tampoco el destierro cuando no es de nuestra incumbencia. ​Duelen los silencios en la lejanía, pero no el sabor de los versos ni las palabras que te escribiría. P.D.: Como cada trece de octubre palabras que te recuerdan hoy, como lo hace mi corazón cada día desde que te fuiste. 

TRECE DE OCTUBRE

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Si pudiera interpretar el vaivén de las nubes, el instante de unas manecillas congeladas o el resplandor de tu sonrisa, liberaría mi alma de los misterios aflorados en la pluma de mis versos. ​Si pudiera resumir la fragilidad de algunos recuerdos, el desaliento que se torna elocuente o tu ausencia pegada a mis huesos, conjugaría los fragmentos con alegorías para no hacerlos eternos. ​Si pudiera enfrentarme a los vacíos, al olor del silencio o al vértigo de lo cotidiano, aceptaría la vigilia, absoluta e inevitable, sin temor; confirmando así que tu presencia sigue girando a mi alrededor. ​Y continuar... continuaré caminando con los pies descalzos, reinventando desde este otro lado de la orilla de la vida, donde no existe el tiempo para dejar de recorrer los volúmenes de tu ausencia. ​ P. D.:   Por mucho que pasen los años, seguirá habitando en mí tu recuerdo.

EN UN MAR DE LUCES

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En un mar de luces, danzando al compás de un torbellino de colores enredados en versos agridulces, surge una locuaz interpretación de un submundo a ras del mismo sol. ​Mariposas que vuelan absorbiendo la soledad, amortiguando los ruidos del silencio y retomando los sentidos. Desvestido del polvo de mi paciencia, comienza la emoción de la limitación, desencadenando estrepitosas reacciones al filo del universo. ​Piel quemada por cada fracción de eternidad, estirando lo que no se estira, resolviendo la bipolaridad de seguir viviendo. Las cenizas del paso del tiempo vuelan a la deriva en un mar de luces, danzando al compás de un nuevo día… ​P.D.: Locura escénica donde agradecer cada nuevo día.

REFLEJOS

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Leer en los reflejos del agua soleada, en los márgenes de la mañana despertada por los silbidos del tiempo... La mirada modifica el lugar y el espacio. Tras la noche inventada, existe la extraña anatomía de una sonrisa trucada, de simetrías escarchadas; secretos de la gramática perfecta cuando se escuda en silencios. ​Abolida la impaciencia, solo queda escudriñar la ausencia de metáforas alineadas. Canta la mañana al son de las páginas de un libro. Leer en los reflejos del agua soleada, en los márgenes de la dulzura adosada a tu mirada. ​Siéntate a mi lado; abracemos la felicidad de cabalgar a lomos de historias inventadas. Descubriremos, girando a mi alrededor, las manecillas del reloj congeladas mientras leemos en los reflejos del agua soleada. ​ P.D.:   Un universo por descubrir en cada palabra…

TRECE DE OCTUBRE

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Déjame recordar tus abrazos; prométeme no dejar de volver cada nuevo amanecer. No dejes de velar mis vuelos. Déjame acariciar la ternura de tus besos y estar a tu lado cuando, al despertar —como cada mañana sin dejar de recordar—, compruebo que la verdad sigue siendo que a mi lado estás. ​No me conformo con tu marcha; quiero seguir sintiendo mi alma temblorosa cuando te tengo cerca. No dejes de volar, no dejes de girar a mi alrededor; no dejes de estar tan cerca como quiero que estés siempre al despertar… ​ P. D.: No puedo ni quiero dejar de recordar tus abrazos.

TRECE DE OCTUBRE

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Desde algún lugar sanan las cicatrices; desde algún lugar el sol parece más brillante. Sácame esos miedos que engrandecen mi debilidad; píntame las estrellas del color de la continuidad para no olvidar nunca ese pedacito de cielo que necesito seguir compartiendo contigo. ​Desde algún lugar mi sentir sigue esbozando tu sonrisa; desde algún lugar me viene la fuerza para continuar, como cada trece de octubre o cualquier otro día. ​Desde algún lugar se confunde la realidad, aunque solo quede el sentimiento de tu ausencia, el vacío de tu presencia. Desde algún lugar te sentiré siempre cerca porque, den igual las vueltas de tuerca, nunca de mi lado te irás. ​Madre, sé que desde algún lugar la brisa siempre nos acercará… ​ P. D.: Como cada trece de octubre, las ausencias se acentúan.

INALCANZABLE

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      No tengo ordenador y me cuesta soltar lastre desde el miniteclado del móvil; mi dedo es demasiado grande para tan poco espacio donde fluctuar. ​Se acabó; dejó de existir. El disco duro reposa como oro en paño en el rincón que guardé para él, como quien espera el milagro de su resurrección. Tu placa base dejó de latir. ​Hacía tiempo que te costaba arrancar, te costaba procesar. Fueron arreglos puntuales que no resultaron suficientes para mantenerte al compás. Fuiste compañero inseparable de locuras transitables, de versos sin rima, de dimes y diretes, de subidas al cielo y de caídas al infierno. ​Te echo de menos. Echo de menos el teclear intrépido de mis dedos sobre el lomo de tu teclado, tus correcciones y tus desvelos. Echo de menos el vuelo que me daban tus alas, el devenir de mis pensamientos en pos de tu entrega... ​Mas no queda otra cosa que esperar para poderte arreglar y, al fin, dejar explotar todo aquello que se empieza a almacenar sin ton ...