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Mostrando las entradas etiquetadas como crecimiento personal

¿Dónde merece la pena quedarse?

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  Donde el silencio se vuelve habitable. Que mis sentidos se queden sin oficio ni beneficio si han de calibrar lo que ocurre cuando tu nombre no deja de estar girando a mi alrededor, en cada rincón de mis pensamientos. Quiero esa forma tuya de hacer habitable el silencio, de llenar la casa con tu respiración, como si el aire también supiera que hay lugares donde merece la pena quedarse sin prisas. No me sirven las promesas que se pronuncian de carrerilla. Prefiero gestos pequeños y sencillos, como una sonrisa que llegue sin anunciarse, con la certeza de saberte al otro lado. Elijo la calma que dejan tus dedos sobre mis dudas, esa manera de desordenarme sin hacer ruido, como quien abre una ventana para que el sol entre a sus anchas, sin pedir permiso a nadie. No busco un cielo perfecto ni una bonita historia escrita para quienes nunca se equivocan. Me basta con el latido que aprende de tus pasos, con las tardes que envejecen despacio mientras el mundo insiste en correr hacia ninguna...

Reflexiones sobre el miedo y la ausencia

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  ​ El arte de quedarse cinco minutos más cuando todo invita a huir. Ignoro si a veces me empeño en convencerme de lo contrario; idas y venidas hacia ningún lugar... No me hagas demasiado caso. A veces me pierdo. Ya sabes cómo soy cuando el miedo se pone serio y empieza a hablar por mi boca. Viste de argumentos sólidos, incluso de modales exquisitos, pero nunca se queda a recoger el desastre que deja cuando se marcha. Disfruto como un niño chico con esa manera tuya de desordenar el aire al entrar en una habitación, como si las cosas recordaran de pronto el lugar que les corresponde. Hasta las sillas parecen cansarse menos cuando te sientas. ​Yo, en cambio, llevo años mudándome de un lugar a otro sin encontrar una casa que no termine oliendo a tu recalcitrante ausencia. ​La mirada se ilumina por la mañana cuando todo me parece sencillo. Demasiado. No lo entiendo: pongo café para dos aunque la lógica me mire con esa cara de funcionario que tienen las certezas. Después me río solo....

GESTIONANDO LA SOLEDAD NOCTURNA

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Cuando la noche se hace eterna: reflexiones sobre la soledad y los errores del pasado. Cierras la tapa del portátil. El silencio de la habitación te golpea en la cara como si fuera un guante mojado. Te miras las manos con esos diez dedos que acaban de vomitar tus vaivenes existenciales sobre el plástico negro del teclado, en un intento de sanar tus heridas interiores. Te preguntas si el tipo reflejado en la pantalla apagada te reconocerá mañana. Te devuelve un contorno borroso, una sombra que parpadea con la luz que entra por la rendija de la persiana.                      ​Sales a la terraza buscando aire puro, pero la ciudad te regala su aliento cargado de excesos. Miras abajo. La poca gente que camina de noche lo hace deprisa y pegada a sus teléfonos, esquivando charcos y miradas, atrapados en su propia dosis de normalidad programada. Ellos te ven como el bicho raro: el tipo que se queda estancado en el semáforo pensando en ...

ESCRIBIR PARA NO MORIR

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Reflexiones sobre la soledad y la redención urbana. Has salido a correr, como de costumbre. El asfalto todavía escupe el calor del día. Miras tus dedos manchados de tierra y sudor. Las flexiones moldean tu cuerpo y calman tu mente. El mundo acaba pesando lo que pesan tus recuerdos. Te detienes frente al semáforo que te pide cautela en rojo, como tus pensamientos. La ciudad te grita al oído verdades que optas por ignorar. No buscas salvación en ojos de extraños, tampoco su perdón. Sabes que la redención habita en las suelas de tus zapatos o en el silencio que sigue a una confesión interrumpida. ​Tus pasos conocen el ritmo de las baldosas sueltas de tu camino. Evitas los charcos de aceite, tanto o más que los de agua. La libertad te golpea una y otra vez como un puñetazo en el estómago. Sientes el frío del metal en la barandilla. Subes los escalones de dos en dos, emulando la superación. El aire huele a comida barata y a desinfectante. Una mezcla genuina que te vuelve a recordar que lleg...

APRENDIENDO A VIVIR

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Reflexiones sobre la soledad, el amor y el vacío emocional. Cierras los ojos intentando evadirte del ruido del tráfico que, tras las ventanas, sigue recordándote con su zumbido constante que el mundo continúa, aunque tú estés frenado en seco. ​Te levantas de la cama.  El suelo frío te devuelve a la realidad de ese piso pequeño que en los últimos años se ha convertido en tu morada. Miras el fregadero lleno de platos y las colillas apagadas en el cenicero: son restos de una noche donde intentaste encontrar una respuesta que nunca llegó. ​Buscas tu teléfono.  Quieres volver a escribir ese mismo mensaje que borraste diez veces ayer. Tus dedos tiemblan un poco. No es miedo; es el hambre de algo de verdad entre tanta luminiscencia de pantallas que tratan de robarte el alma. ​Piensas en ella.  Piensas en cómo el amor se desgasta al no alimentarlo. Te dijeron que el tiempo cura las heridas, pero te mintieron: el tiempo solo te enseña a caminar con la cojera a cuestas. ​Caminas...

VALIDAR LAS EMOCIONES

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  Muchos hablan de ser los mejores en todo , de superarnos cueste lo que cueste , de seguir los cánones establecidos, de fantasear con filtros imposibles o de sortear las dificultades con un solo clic. Pero nadie te habla de la importancia de permitirse sentir , de validar las emociones que surgen en momentos difíciles, de buscar apoyo y comprensión en otros cuando lo necesitas. No necesitas ser especial, ya eres especial y creételo, no ocultes tus emociones, ni tus complejos, encuentra la fortaleza para enfrentarlos y superarlos. Y aunque la presión de ser lo que no somos, es abrumadora, debemos recordar que está bien pedir ayuda , buscar orientación y permitirse momentos de vulnerabilidad, porque eres, somos...únicos P.D. En un mundo donde  se premia la falsedad  y se castiga la frágilidad,  nuestra verdad sigue  siendo el mayor acto  de resistencia que  podemos realizar.  No nacimos para encajar en moldes,  nacimos para sentir,...

CALLARSE...TAMBIÉN CANSA: EL PESO DEL SILENCIO EMOCIONAL Y LA LIBERACIÓN AL HABLAR

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  Me acostumbré al silencio como a un abrigo viejo, llevándolo a todas partes, incluso cuando dolía más que el frío. Guardé lo que quería decir detrás del corazón, donde nadie mira, donde hasta los ojos aprenden a fingir. Pero el cuerpo acaba recordando lo que la lengua calla, y un día, sin querer, me quebré con solo una mirada. Guardé palabras como quien guarda semillas, con miedo al clima, esperando la estación justa para hablar. El silencio dolía, más que el tiempo, sí , pero también me enseñó a escucharme por dentro, sin gritar. Un día, suave como la brisa, me animé a decir lo que sentía y fue como abrir las ventanas después de años cerradas. Pd: A veces contarlo... es el verdadero alivio.