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Mostrando las entradas etiquetadas como dialogos interiores

COMO SI NUNCA TE HUBIERAS IDO...

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 No sé...Últimamente me cuesta comprender, si seguir soñando contigo vale la pena. Suena bonito, vivir de recuerdos, de lo que fuimos y como fuimos. Pero la verdad, lo que quiero es volver a sentir tus labios marcando los míos. Así de simple. No sé si ese calor que compartíamos, ese que parecía tan nuestro, va a volver alguna vez. Ni siquiera sé si tus palabras volverán a aparecer, como antes, cuando escribías algo que me descolocaba y me dejaba con una sonrisa tonta todo el día. ¿Te acuerdas de eso? De cómo resultaba tan fácil… A veces me pasa. Como la necesidad repentina de buscarte. Y es justo ahí donde más duele. Porque no estás. Solo queda polvo sobre los muebles. Ese olor a cerrado. Y esa foto nuestra que parecía eterna… y que ahora me cuesta mirar. Salgo a la calle y todo me parece un poco más vacío. Las tiendas cerradas, la gente que no se detiene. Y el viento… el viento que se mete entre mis recuerdos. Como si también supiera que ya no hay camino entre tu boca y la...

MIRÁNDOME EN EL ESPEJO

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    Hay veces que, mirándome en el espejo, no reconozco al tipo que me devuelve la mirada. Reconozco en él las ojeras del tiempo, como sombras permanentes, los labios partidos de morderme las palabras, el gesto torcido de quien ha aprendido, a fuerza de golpes, a tragar decepciones sin hacer muecas.   Hay días en los que camino sin rumbo, pateando colillas quemadas por el tiempo y viajando en sueños rotos de tanto usarlos, sintiendo que la ciudad mordisquea mi existencia y me escupe a la vuelta de cada esquina.   Y ahí sigo, pateando calles que se hacen recuerdos, con los bolsillos llenos de silencios, con la espalda que poco a poco se arquea bajo el peso de memorias sin nombres ni apellidos, de historias que nunca pidieron ser parte de mi equipaje.   El amor me pasó como un tren sin frenos, como esos que no paran aunque agites los brazos en la estación equivocada.   Y aunque siempre fui de subir tarde a los vagones, me quedé viendo cómo se iba,...

PENSAMIENTOS

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  Pensamientos que, desnudos, cuentan deseos inoportunos; raudos y veloces, alzan el vuelo hacia lugares donde no existen olvidos que entorpezcan los recuerdos. ​Indomables los pensamientos que rugen por emociones sostenidas. Espacios en blanco, obstinados en liberar sonrisas inconclusas que enmarquen el reencuentro. ​Frágil el cordón umbilical de los pensamientos nocturnos: eternos revuelos que viajan sin descuentos por la oscura tragedia de la impericia de mantener el momento. ​Perpetuo temor escénico dilucidado por pensamientos intrépidos. Diseño y ensayo de acrobacias mentales girando a mi alrededor, por recuperar el calor de tu cuerpo a mi lado. ​ P. D.: ​Pensamientos feroces que favorecen o entorpecen el reencuentro tras la tormenta.

Y VOLÓ

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Recogió sus alas, replegó los párpados y, dejándose llevar, se dispuso a escuchar. Sin prisas, sin pausas; no le importaba el tiempo, tampoco lo menospreciaba. ​Mientras el viento soplaba, la oscuridad temblaba, limitando su universo a esas cuatro paredes que le rodeaban: de un lado, su pasado; por el otro, su futuro; frente a sí mismo, su presente. Y desde atrás, la última pared, la de su conciencia, que no dejaba de recordarle quién era. ​Fue entonces cuando llegaron los susurros y los gritos, las risas y los llantos, las victorias y los fracasos, las penas y alegrías, el silencio y la algarabía, la noche y el día. Sueños y pesadillas, batallas imaginarias perdidas o ganadas, encrucijadas perpetuas; compendio de vida, de su vida. ​Ya no podía cambiar nada de su pasado, pero sí de su presente. Y sin pensar en las miserias, esbozó una sonrisa. Aun a sabiendas de que no podía, desplegó sus alas y, girando a mi alrededor, voló por encima de sus propias limitaciones; porque no ...

ADOSADO A TU MIRADA

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Adosado a tu mirada —enamorada, ilusionada, centrada en la profundidad más absoluta—, parece que estás, pero no estás. Acurrucado en tu regazo viendo la vida pasar, acostumbrado a tu calor y al sabor de tu boca en mi boca, rodeado por tus brazos me siento especial. ​Adosado a tu mirada, deseada, soñada, extrañada en un instante en el que pareces regresar; abrazado a tus caderas —guerreras, hechiceras, zalameras— cuando juegan y se contonean marcándome el compás. ​Adosado a tu mirada, deseada, ideada, grabada a fuego en mi alma enamorada... Adosado a tu mirada y girando a tu alrededor, quisiera siempre estar. ​ P. D.: Cuando el lugar en donde quieres estar se encuentra al lado de la persona amada...

AL ANOCHECER

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Envejece el cuerpo y surcan cicatrices por mis recuerdos, laberinto de sensaciones dispuestas a enhebrar mi destino. Afinar el encuadre y vislumbrar lo acaecido no presupone, necesariamente, haberlo conseguido. ​Hay temores y hay ganas, pero al final no hay vuelos ni cielos por donde pasear y garantizar los resultados de equivocaciones o aciertos. Puzles de colores —monocromáticos, tal vez—, jaque mate para algunas decisiones y hojas de papel en blanco girando a mi alrededor, donde exiliar palabras enquistadas. ​Trivial acontecer: exijo razones mientras contemplo el anochecer como si fuera el último reflejo de algunas quimeras en mi piel... ​ P. D.: No se equivoca el tiempo cuando coloca cada cosa en su sitio...

TEMPORAL

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Todo es temporal, nada en particular, todo en general. El truco está en no pensar, en dejarse llevar, saltar hacia el abismo sin miedo y con valentía. Magnificencia ingrávida como resultado de la osadía. ​Recurrir al boceto de la sombra alargada y descubrir la crónica plural nos ayuda a despejar dudas desconcertadas; paciencia contenida en un mar de prosas sostenidas. ​Todo es temporal, nada es para siempre, todo es irreal. El truco está en saberlo llevar, caminar sobre la eternidad intentando el equilibrio h⁹acia el todo y la nada. Quiero ser como ese funambulista sensible a la velocidad. No hay que descartar la posibilidad: todo es posible, pero está prohibido replegar y mirar atrás. Porque todo es temporal, nada en especial, todo... en realidad... ​ P. D.:   En realidad, el todo y la nada seguirán siendo temporales...

ENCUADRE

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Se acumulan las ganas de exteriorizar las palabras mudas que levitan entre algodones de perpetua consciencia. Es incansable el ritmo al filo de la indiferencia: sueños absurdos, mediocridad metafísica y una líquida euforia que solicita audiencia al sentido de la existencia. ​Hay una voluntaria inmovilidad, lógica consecuencia desde donde la verdad asoma. Desorden casual o, tal vez, otra broma. Mímica asimétrica. ​Es una constancia ideal la de reconocer que los sueños, por raros que sean, no dejan de ser sueños; la simplicidad de lo disparatado, el encuadre perfecto que quieras componer... Réquiem por lo esperado. ​ P. D.: ¿No sería bueno conocer el encuadre perfecto de nuestro destino?

SUEÑOS

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Los sueños también pueden venir con retraso; no tienen hora de llegada, no están encadenados ni programados. Existen a destiempo bajo el ritmo que ya inventé para ellos. ​Sus colores seguirán impolutos, inmaculados y generosos mientras no me canse de conjugarlos. Son agua de mar que se hace cómplice de mi pesar; brillante escultura de esas letras que, muy a mi pesar, intentan abandonar el devenir de mi despertar. ​Nada está de más. Solo quiero soñar, solo quiero hacerlos realidad y desterrar espejismos que no conducen a ningún lugar... ​ P. D.:   A veces se nubla y empaña la necesidad de continuar expresando con palabras en este rincón que está girando a mi alrededor.

JUICIO

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                               Decapitar el amor trae consigo, a corto o largo plazo, contrariedades que suponen un juicio sin defensa y precipitado. ​El «pudo ser y no fue» consume las expectativas de quien se ve reflejado ante el espejo y no alcanza a ver más allá de su propia imagen; esa misma de la que se prescinde cuando centramos la vista en el amor que nos colma la vida. ​Cada momento conlleva su interpretación, incluso si se rescinda el contrato y decidimos abandonar nuestro propio yo a las consideraciones ajenas. ​La piel no tardará en resquebrajarse, revolcándose en la oscuridad de la tristeza, aunque bajo una perspectiva diferente. No hay nada mejor que dejarse llevar por el instinto de la continuidad; no cabe duda: merece la pena aquello que nos brinda felicidad. ​ P. D.: A veces dejamos escapar aquello que nos llena de verdad...

SIN DECIR NADA

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Sin decir nada, lo digo todo. No hace falta sentirme el centro del mundo; solo quiero contemplarlo desde lo más alto. Un mundo a mis pies, tan pequeño o tan grande como la mirada me permita alcanzar. No habilito la prepotencia: tan solo quiero ser un simple observador intentando acaparar el esplendor de un amanecer o los susurros de un atardecer, porque allá, en lo alto, se tiene que ver todo mejor. ​Quiero sentir los escalofríos que recorren mi espina dorsal y la adrenalina desbordada en cien mil formas distintas, capaces de ahuyentar el canto empedernido de la oscuridad. Y, sin saber cómo interpretar las ganas de volar, me dejo llevar por el viento, a su merced, intentando desobedecer las leyes de la gravedad con esa libertad que solo te da la posibilidad de soñar. ​ P.D.: A veces se necesita de las alturas para poder contemplar, desde otra perspectiva, aquello que no se ve con claridad...

TODO O NADA

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El vacío se origina tras perder algo que habíamos conseguido o poseído; la nada, en cambio, está por inventar. Por crear está el todo y sus consecuencias: perfecto despertar o delicada conjetura de intentar estar. ​Por argumentar la posibilidad, la facilidad o la dificultad siguen estando en duda. De la nada, nada; mientras que del todo es posible llegar a la nada. No es un juego de palabras: es tan solo el espacio entre el todo y la nada, entre la realidad y los sueños que se evaporan al despertar. ​Dormir, soñar, alcanzar la verdad o, quizás, espolvorear el todo de la nada... ​ P. D.: Del todo a la nada solo hay un ligero espacio de tiempo y lugar.