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TRES MENSAJES GUARDADOS Y UN ADIÓS SIN DESPEDIDA

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  La vida escuece, duele y mucho. Maldito el aceite caliente que te salpica con rabia en la camiseta mientras te fríes un huevo. Aún es peor cuando te salta en la muñeca y te sobresaltas de dolor, porque la vida escuece. Pero la mayoría de las veces, no solo escuece; duele. Duele y mucho. ​Miras de nuevo el móvil con la pantalla rota y vuelves a pensar que tienes que arreglarlo. Es un pensamiento que se diluirá una vez más, porque sabes que de nuevo se te olvidará. Hay tres mensajes de ella guardados en el buzón que nunca vas a borrar. De vez en cuando los reabres y piensas que aún sigue ahí. Te gusta engañarte, dándote esperanzas de algo que no sucederá jamás. ​Dos náufragos a la deriva en un charco tras la lluvia Te busca entre la gente que compra el pan a toda prisa. El sol pega fuerte en el asfalto derretido. Huele a gasolina y a azahar. Qué contradicción tan tonta. Te quiere con rabia, como se quiere a los perros callejeros que muerden la mano que les da de comer. También te o...

HIERRO, SAL Y ALMIZCLE

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  Bajo el paraguas de una noche que no admite intromisiones, el sudor continúa su camino hasta volverse caligrafía sobre tu espalda. Ya no arrendamos la felicidad; ahora somos los dueños legítimos de este, nuestro rincón clandestino. ​Aquí el tiempo es más que un contrato sin cláusulas: es un rehén al que decidimos no liberar. La única ley es el pulso que dicta la piel contra el lino frío, bajo el peso de las estrellas como únicos testigos. ​El despertar no es risueño; es denso y magnético. Es el reconocimiento de las ninfas en el desorden de las sábanas, donde tus vacíos y los míos han dejado de ser espacios para convertirse en moldes. ​No hay tintineo acaramelado. Solo queda el silencio profundo de quien ha viajado por el tiempo a través de un roce, con el alma desahuciada de toda lógica y, en la dermis, el rastro de un incendio pasado. ​Soy el centro de tu calma tras la tormenta, un coleccionista de la geografía de tu descanso. La dualidad se ha resuelto: ya no somos versos ...

QUINCE SEGUNDOS DE TANGO

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 UN TANGO SOBRE EL AMOR Y EL TIEMPO Nuestro abrazo es un tango que bailamos en silencio, al compás de la piel, entre el humo y el vino. Quince segundos de amor, de besos y olvidos: el mundo se detiene y tu mirar es mi destino. Se nos rompe el tiempo en un soplo de aliento; afuera, el ruido del mundo se torna un desierto. No importa el mañana, ni el frío, ni el viento, si en este abrazo certero, por fin te tengo. La luz de un farol dibuja tu espalda y mi abismo. Este instante es un puerto, un refugio, un acierto, donde el amor se rinde y el cielo se estremece, naufragando en tu pecho a ritmo de tango. Que se callen las voces, que se apague el ruido, ya no existe el desierto, ni el miedo, ni el frío. Son quince segundos de resurrección: si el tango se acaba... de nuevo me quedo, amarradito a tu cintura, muriendo de amor. P. D.: Que ruede el destino, que pase la vida, que el tiempo se pierda en algún rincón. Si el tango se acaba, no habrá despedida: somos un solo abrazo... y un mismo...