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Mostrando las entradas etiquetadas como soledad

Seguir adelante cuando ya no esperas una respuesta

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  Hay noches que no terminan cuando amanece Ya no sabes si eres tú quien observa o te sientes observado por esos días que te miran de reojo desde el otro lado de la ventana. Quizá por eso permaneces inmóvil, con las manos vacías de esperanzas y llenas de desconfianzas, con esa extraña sensación de haber llegado demasiado tarde a lugares donde nunca estuviste. Hay noches que no terminan cuando amanece. Se quedan adheridas a la piel, detrás de tus sentidos, en ese lugar donde la memoria guarda aquello que, si te preguntan, juras haber olvidado. Vuelves a caminar sobre las ruinas de lo que imaginaste, procurando no hacer demasiado ruido, no vaya a ser que despierten todas esas preguntas que llevas años evitando. También hay derrotas que se parecen demasiado a la calma. Se aprende a convivir con ellas, a ponerles nombre, incluso a invitarlas a sentarse a la mesa mientras, al otro lado del café, la ciudad continúa fingiendo que nada sucede, que todo es de color de rosa, evitando tod...

EL POLVO DOLORIDO DE LAS AUSENCIAS

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  Aprendiendo a existir en la soledad cotidiana.  ​Acostumbra a dejarse la luz del baño encendida; es una forma como otra cualquiera de sentirse acompañado al regresar a casa. Siempre llega tarde. Arrastra los zapatos por el pasillo como un hombre cansado tras cargar bolsas ajenas del supermercado. ​En el comedor, todo sigue como lo dejó. Mira la mesa: el cenicero guarda, olvidadas, dos colillas viejas y una moneda pegada por la cerveza seca. Piensa en su foto, que sigue torcida junto al reloj sin pila en el mueble del comedor. Nadie se atreve a corregir algo allá dentro. Todo se quedó anclado en el tiempo en el que aún disfrutaba de su compañía. Mantener su recuerdo intacto le hacía sentirse mejor. ​A veces abre la nevera por el simple placer de escuchar ruido, inmerso en esa soledad absurda que le acompaña todos los días. Ni hambre trae encima. Agarra una lata de cerveza, lee los ingredientes y vuelve a dejarla. Pierde el tiempo con idioteces como esas; reírse de uno mismo s...

GESTIONANDO LA SOLEDAD NOCTURNA

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Cuando la noche se hace eterna: reflexiones sobre la soledad y los errores del pasado. Cierras la tapa del portátil. El silencio de la habitación te golpea en la cara como si fuera un guante mojado. Te miras las manos con esos diez dedos que acaban de vomitar tus vaivenes existenciales sobre el plástico negro del teclado, en un intento de sanar tus heridas interiores. Te preguntas si el tipo reflejado en la pantalla apagada te reconocerá mañana. Te devuelve un contorno borroso, una sombra que parpadea con la luz que entra por la rendija de la persiana.                      ​Sales a la terraza buscando aire puro, pero la ciudad te regala su aliento cargado de excesos. Miras abajo. La poca gente que camina de noche lo hace deprisa y pegada a sus teléfonos, esquivando charcos y miradas, atrapados en su propia dosis de normalidad programada. Ellos te ven como el bicho raro: el tipo que se queda estancado en el semáforo pensando en ...

APRENDIENDO A VIVIR

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Reflexiones sobre la soledad, el amor y el vacío emocional. Cierras los ojos intentando evadirte del ruido del tráfico que, tras las ventanas, sigue recordándote con su zumbido constante que el mundo continúa, aunque tú estés frenado en seco. ​Te levantas de la cama.  El suelo frío te devuelve a la realidad de ese piso pequeño que en los últimos años se ha convertido en tu morada. Miras el fregadero lleno de platos y las colillas apagadas en el cenicero: son restos de una noche donde intentaste encontrar una respuesta que nunca llegó. ​Buscas tu teléfono.  Quieres volver a escribir ese mismo mensaje que borraste diez veces ayer. Tus dedos tiemblan un poco. No es miedo; es el hambre de algo de verdad entre tanta luminiscencia de pantallas que tratan de robarte el alma. ​Piensas en ella.  Piensas en cómo el amor se desgasta al no alimentarlo. Te dijeron que el tiempo cura las heridas, pero te mintieron: el tiempo solo te enseña a caminar con la cojera a cuestas. ​Caminas...

POR MUCHO QUE TE BUSQUÉ

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  ​ ​ Por muchos lugares que visité, por mucho que te busqué , nunca te pude encontrar. ​Tu imagen se refleja en cada rincón, en cada escaparate, en cada ventana de una calle que no es la mía. Creo reconocerte en cada desconocida que pasa a mi lado, y miro sus rostros buscando ese destello que perdí, esa luz que se esconde detrás de tus ojos. Pero solo encuentro caras ajenas, espejos rotos que me devuelven a una realidad que no quiero aceptar. ​Me pregunto si eres real, si el recuerdo que tengo de ti es algo más que el producto de mi propia imaginación. Quizás solo fuiste parte de un espejismo en la niebla que se forma en mi mente desde el día en que te vi. Un sueño tan vívido que he confundido con la verdad. ​Caminé por la acera que tantas veces creí que me cruzaría contigo, me detuve en cada esquina donde pensé que te volvería a ver , en cada ascensor donde creí que coincidiríamos.  Mi corazón se acelera con cada sombra que se parece a la tuya, con cada silueta que pare...

LAS MISERIAS DE LA SOLEDAD

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  Aislados, sucumbimos a las miserias de la soledad, fiel escenario de estos tiempos en los que vivimos. La singularidad no puede ir acompañada de la temeridad porque, si así fuera, seríamos considerados otro loco más en la lista de la desesperación, en busca de una perfección inalcanzable. Bailemos sin miedo en lo más profundo del corazón, olvidemos la sordera cáustica, enterremos las miserias, aunque acabemos exhaustos, sin aliento. No podemos pretender salvar al mundo desde nuestro sillón ni empujar los llantos al abismo, la oscuridad desata la sinrazón, y el respeto deja de brillar en todo su esplendor. Mienten las bocas cuando hablan de salvación, si no existe la consideración, no habrá consolidación ni siquiera el tiempo necesario para intentar una solución. No basta con dejar de molestar al vecino: la paciencia secreta rezuma abandono, desacredita nuestra capacidad de socialización y nos convierte en ermitaños de la razón. Aislados, asistimos a las miserias de la soledad, la...

ES FÁCIL SENTIRSE SOLO

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  Aún rodeado de mucha gente, es fácil sentirse solo y en soledad, flotando en una burbuja invisible que nos separa del resto del mundo. Oigo a mi alrededor, las conversaciones que fluyen como ríos que no logran mojar mis pies, risas que estallan como fuegos artificiales en los que no puedo encontrar mis propios colores, paradójico sentimiento estar tan cerca y a la vez, tan lejos de los demás, como si hablara un idioma que todos hablan y que aún no me atrevo a compartir del todo. La soledad puede ser abrumadora, pero también me recuerda lo silencioso de mi individualidad, dándome la oportunidad de mirar hacia dentro, de escuchar mi interior para poder sentir emociones sin filtro alguno. Llegó el momento de descubrir quién soy cuando nadie me ve, cuáles son mis pasiones, los miedos que me asechan o los deseos que rondan mi ser. Y mientras el mundo sigue girando a mi alrededor, esos momentos de introspección pueden convertirse en puentes que me conectan no solo conmigo mismo, si...

TRÍO

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    Me pregunto porque la soledad se ceba en mí, porque los sueños dejaron de existir, para que desobedecer las leyes de la gravedad si la caída tendrá el mismo fin.   No encuentro motivos para seguir, razones por las que insistir, para que alimentar quimeras que tarde o temprano acabaran desmoronándose sin poderlas reconstruir.   Aun queriendo no puedo retroceder en el tiempo, no importa cuánto pierda en el intento, si solo nos quedan vacíos en palabras sin sentidos arrastradas por el viento.   La oscuridad se hizo dueña de nuestros semblantes, la luna dejo de brillar como antes,   porque cuando me mirabas o me amabas, no era a mí, ni por mí, sino a tu amante…   PD: Cuando el dos  se convierte en trío  siempre acaba  perdiendo un@...

A TRAVÉS DE MIS SENTIDOS

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            Ejercitando la autocomplacencia, vuelo sin motor a través de mis sentidos. No encuentro motivos suficientes para recrearme o aposentarme en los años vividos, tampoco el compromiso de volver una y otra vez para arribar a espacios conocidos, donde el tiempo dejó de existir y los besos, como los descuidos, se dieron por perdidos. ​Ejercitando el olvido, paseo largo y tendido por las nubes que recreo en mi mundo, sin menospreciar el suelo al que, sin remedio, caigo una y otra vez; mas no hay vergüenza: caer, levantarse y de nuevo volver a caer no es patrimonio de nadie y sí de aquellos que no ponen excusas para continuar intentándolo sin desfallecer. ​Ejercitando la necesidad de reinventar cada paso que doy, afianzando mi caminar y descubriendo día a día lo que está girando a mi alrededor… ​ P. D.: Poco a poco, reencontrándome con un nuevo amanecer…

A VECES

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  ​A veces, se vienen abajo nuestras expectativas; caen al suelo por su propio peso y, aun intentando levantar el vuelo, no encontramos nuevas perspectivas. ​A veces, nos encontramos solos ante el mundo, perdidos en la vorágine diaria de las prisas y, aun intentando abandonar la soledad, caemos al abismo más profundo. ​A veces, no encontramos las palabras exactas: se agolpan en nuestra garganta, argumentando que no somos capaces de volar aun teniendo las alas intactas. ​A veces, no encontramos manos amigas que nos apoyen, no recibimos el abrazo perfecto y, aun gritando al viento el desvelo, quedamos anclados en cualquier andén. ​A veces, se viene abajo la esperanza de reconstruir sueños olvidados, de emancipar la dicha y olvidar los quiebros para así reconquistar la sonrisa perdida. ​ P. D.: ​A veces… ​girando a mi alrededor ​se difuminan las perspectivas.

A MERCED DEL VIENTO

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En completa desigualdad de palabras y hechos, me encuentro desnudo, absorto por la situación, calibrando la tensión y sopesando la disfunción. ​Mucho me temo que, agotada la emoción, el tiempo pone a cada cual en su rincón —con pedestal o sin él—, a merced del viento; allí donde la luz acaricia la redención, girando a mi alrededor. ​Frente a la vida, frente al mundo, en perfecta comunión, pierdo el control de preguntas que no admiten respuestas ante la desesperación. No, la verdad no es el horror; los sueños marcan la solución... ​ P. D.: No basta con desear, hay que perseguir los sueños hasta el final. Solo así puedes hacerlos realidad...

DUELE EL DOLOR

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Duele la sombra escarchada. La inocuidad es solo fachada cuando sonríe, cuando se escuda tras la máscara mostrada a los demás, escondiendo las uñas afiladas del más duro metal. Alimenta el dolor a su antojo al manejar los hilos de la conciencia ajena. ​Duele el dolor enquistado, la savia negra escudriñando la debilidad endiablada; un ataque directo a la yugular con el que dejar herida, vacía de sueños y moribunda de alegría la vida y su cantar. ​Duele la sombra inmaculada, el terror de su avalancha cuando, agazapada bajo las sombras, inmortaliza el verbo «dañar» a costa de engañar a los demás. Lúgubre esquizofrenia del mal. ​No hay salida... o sí. Tela de araña girando a mi alrededor que habrá que rasgar para poder escapar. O no... ​ P. D. Existen múltiples formas de acosar a los demás...  

ADIVINA, ADIVINANZA

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No busco palabras huecas ni tampoco las que demuestren mis torpezas. Adivina, adivinanza: ¿de qué color pueden ser mis letras o cuál su confianza? ​Vuelo de paloma, locuaz y distante, recorriendo libre la línea del viento; vertiginoso el vuelo que sacude el horizonte sin dejar impasible lo que siento. ​No busco palabras resecas ni tampoco las que atestigüen mis perezas. Adivina, adivinanza: ¿de qué palo son mis versos o cuál es su esperanza? ​Vuelo de paloma, altiva e indiferente, surcando mares sobre el oleaje; impetuoso el vuelo que galopa sobre sus temores sin dejar atrás su coraje. ​No busco palabras necias girando a mi alrededor, ni tampoco las que marquen mis destrezas. Adivina, adivinanza: ¿de dónde viene el vuelo?, ¿de dónde la paloma que no busca palabras, solo afrontarlas para ser valiente? ​ P.D.: Adivina, adivinanza: ¿es su sueño volar sin descanso o dejarse vencer sin resolver la adivinanza?

ESCURRIDIZA SENSACIÓN

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Pérfida situación la del tiempo que no he tenido, o la escurridiza sensación de haberlo perdido. Impronta es la reflexión habiéndolo admitido, mientras la desconfianza traicionera —del placer a la deriva y del rigor preventivo— orquesta una fiesta de almas con valor añadido. ​Es el desorden habitual por el gusto agridulce de no acertar el camino a tomar, prometiéndole al viento volar sin miedo. Volar a través del tiempo sin saber si te abracé lo suficiente o, simplemente, si olvidé la teoría del verbo amar en la opacidad de las dudas maltrechas. ​Negociando la condena, supero día a día las ausencias coloreando las batallas; volviendo a ti, a tu boca, recreando el presente ante la esperanza de mantener nuestra historia del paso del tiempo… ​ PD: Recrear el presente sin temor es vivir la teoría del momento; es entonces cuando, girando a mi alrededor, dejará de congelarse la brisa por el tiempo perdido.

VIENTO A ORILLAS DEL MAR

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                   Me gusta ser viento a orillas del mar, sobrevolar el horizonte con la mirada perdida, como quien no quiere merodear la realidad. Me gusta estar en esos momentos donde el mundo, a mi alrededor, pareciera detenerse; pero a sabiendas de que lo hago con la intención de reinventarme en los momentos bajos de azúcar. ​Esos momentos que nos impiden reaccionar, para levantarse aun cayendo de bruces contra el suelo, como si todo pesara más de lo habitual. Como si todo me viniera tan grande como la soledad. ​Y seguir intentándolo, porque no queda otra opción que la de volar, aun a ras del suelo. Qué más da, si lo que quiero es no despertar un buen o mal día —según lo quieras mirar— recordando que los sueños no cumplieron su finalidad... ​ P.D.: Los sueños, como las promesas, hay que trabajarlos.

CAMINO PERDIDO

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Camino perdido entre las quimeras del tiempo, entre los vientos que orquesto. Camino seguro, pero inquieto, como guardando un secreto en un segundo plano. ​Futuro imperfecto, discreto, sujeto a los vaivenes que regalan mis pasos y a los versos que interpreto. Camino entre palabras amontonadas de ese lugar concreto donde el vello se eriza y los sueños dejan de ser tan solo un boceto. ​Camino perdido entre las quimeras del tiempo, mientras encuentro ese lugar escueto donde calibrar mi alrededor, recorriendo cada uno de sus recovecos... ​ P.D.: Entre el tiempo y la soledad se atenúa la posibilidad...

OLVIDO

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                                                        FOTOGRAFIA UTOPIC-MAN Olvidó la primavera tras los cortinajes; sopor versátil de la otoñal estancia que albergaba sus razones. La hierba seca, el vuelo bajo, continuo esperpento de satíricos sueños entre algodonales. ​Agridulce sorpresa, personaje sobreactuado destilando noches y recapitulando escenarios donde yacer el frío que sucumbía en su cuerpo desnudo; intemperie acentuada de su mente blasfema. Olvidó la primavera tras los cortinajes y el invierno se hizo eterno... ​ P.D.: Dejarse vencer no trae buenas conclusiones.