Seguir adelante cuando ya no esperas una respuesta
Hay noches que no terminan cuando amanece Ya no sabes si eres tú quien observa o te sientes observado por esos días que te miran de reojo desde el otro lado de la ventana. Quizá por eso permaneces inmóvil, con las manos vacías de esperanzas y llenas de desconfianzas, con esa extraña sensación de haber llegado demasiado tarde a lugares donde nunca estuviste. Hay noches que no terminan cuando amanece. Se quedan adheridas a la piel, detrás de tus sentidos, en ese lugar donde la memoria guarda aquello que, si te preguntan, juras haber olvidado. Vuelves a caminar sobre las ruinas de lo que imaginaste, procurando no hacer demasiado ruido, no vaya a ser que despierten todas esas preguntas que llevas años evitando. También hay derrotas que se parecen demasiado a la calma. Se aprende a convivir con ellas, a ponerles nombre, incluso a invitarlas a sentarse a la mesa mientras, al otro lado del café, la ciudad continúa fingiendo que nada sucede, que todo es de color de rosa, evitando tod...