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PRINCIPIO SIN FINAL

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Hoy querría dejarme llevar por algún principio sin final, observar las estrellas sin esperar a que las nubes desaparezcan. No lo puedo evitar: hoy tengo ganas de más. Cielo y centellas confirmarán mis ganas de volar; mi verborrea conquistará el altar desde mi boca a tu boca, desde mis sueños concretos a tu cuerpo perfecto. ​Déjame llegar, déjame vibrar, porque hoy tengo ganas de más. Hoy querría hacerme escuchar entre el eco de las tormentas, entre las pesadillas que ahuyentas, por las caricias sedientas y enmarañadas al suelo que pisas. ​Sábanas blancas, bella y perfumada; aroma de versos que enloquecen mis mañanas. Hoy, al despertar, te pude encontrar; y el tiempo, como las ganas de más, pude confirmar que nunca desaparecerá mientras pueda dibujar principios sin final... ​ P. D.: No hay que adelantar acontecimientos; déjate llevar y disfruta los momentos.

IMPROVISAR

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            Llegó el otoño y de ocres va tiñéndose el contorno a mi alrededor. Ya sé que no soy original, pero cuando se trata de improvisar, el espectáculo ante mis ojos se hace fácil de interpretar y me dejo llevar. ​Busco en tu mirada el eco de la mía, tratando de perpetuar el tacto de tu piel en mi piel, buscando tu sonrisa ilusionada en poemas sin tormentas, en rimas que aconsejan caricias impresas. ​Mientras tanto, tras el ventanal, somos testigos de cómo las hojas van desnudando el paisaje, vistiendo de luces y sombras el manto eterno de un otoño que una vez más —cuando se trata de improvisar— suele ser esencial. ​Paseo agarradito a tu cintura, como quien no quiere dejar escapar la oportunidad de llegar hasta ese lugar donde me quieras llevar... ​ PD: Es mejor improvisar que callar.

EL CAMINO HABITUAL

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     Me gusta perderme en los laberintos orquestados, en los sueños acompasados, en el palpitar de un corazón que extraña la luz de los momentos pasados. ​En aquel entonces, merodear el epicentro de la gravedad no era sino ambicionar el paso del tiempo, que resultaba demasiado lento ante la interminable grandeza de todo aquello que giraba a mi alrededor. Era una mirada generosa, una mirada expectante y, cómo no, esa mirada ansiosa, queriendo volar más allá de sus premisas. ​Buscaba alcanzar antes que los demás algún lugar donde representar sus anhelos y llegar a todos cual conquistador de sueños, en pos de encontrar las quimeras dibujadas en paisajes risueños, sobrevolados por aviones de papel y por generosos encuadres donde no dejaba de dar vueltas. ​Era como un carrusel esperando llegar a la meta sin principio ni final; como la meta de crecer sin esperar a recorrer el camino habitual... ​ P. D.:  De pequeño… todo es tan grande…

VIENTO A ORILLAS DEL MAR

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                   Me gusta ser viento a orillas del mar, sobrevolar el horizonte con la mirada perdida, como quien no quiere merodear la realidad. Me gusta estar en esos momentos donde el mundo, a mi alrededor, pareciera detenerse; pero a sabiendas de que lo hago con la intención de reinventarme en los momentos bajos de azúcar. ​Esos momentos que nos impiden reaccionar, para levantarse aun cayendo de bruces contra el suelo, como si todo pesara más de lo habitual. Como si todo me viniera tan grande como la soledad. ​Y seguir intentándolo, porque no queda otra opción que la de volar, aun a ras del suelo. Qué más da, si lo que quiero es no despertar un buen o mal día —según lo quieras mirar— recordando que los sueños no cumplieron su finalidad... ​ P.D.: Los sueños, como las promesas, hay que trabajarlos.

MOMENTOS

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            Solo hace falta pararse un momento para darse cuenta de cosas tan sencillas como escuchar y descifrar la verdad de lo que somos y de lo que buscamos. ​Sin embargo, andamos siempre expuestos al continuo manjar de lo imposible; y es que tener lo que no tenemos suena siempre apetecible... ​ P.D.: ¿Por qué será que siempre paseamos por imposibles?

DIA A DIA

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Cuando hacer las cosas bien te rebota de forma desquiciada, como si el Todo se erigiera en la supremacía del poder para hacerte resbalar por la ingravidez de la locura; cuando no hay lunas ni soles capaces de sostener tu día a día, sueltas adrenalina golpeando la cabeza con preguntas sin respuesta. ​Dañas la felicidad a fuerza de promesas, de supuestas y suculentas alegorías del «pudo haber sido y no fue». Y no porque quisieras actuar correctamente con tal de recibir felicitaciones o ganancias en especie, sino tan solo por la satisfacción de engendrar en tu corazón el verso de la esperanza. ​Porque no hay quimeras ni especulaciones suficientes para desterrar aquella sonrisa que pueda engalanar tu jornada. ​ P.D.: No por mucho madrugar amanece más temprano.

EN MOMENTOS DE HASTIO

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En momentos de hastío, me dejo llevar por aquello que mis dedos —inconscientes, involuntarios, indefinidos y espontáneos— transportan: el deseo subyugado del peso eterno de los sueños incumplidos. Sobrevivo al continuo vaivén del vuelo al compás del viento, entre los caminos cercanos y los deseos lejanos. ​Vuelvo a recordar el sentido de una caricia, de un beso o de aquel roce que inyectaba, sin proponérselo, la magia de cualquier quimera; sin alquileres ni premisas que enturbiaran el buen hacer de la vida. ​En momentos de hastío, me dejo llevar por mis dedos toqueteando el teclado, sin ton ni son, sin principio ni final, sin lecturas. Están vacíos de la envergadura del contorno de lo imposible; tan solo inventando o reinventando, quién sabe, un lugar donde sentir la felicidad a flor de piel. O tal vez buscando esos deseos sin contraindicaciones ni supuestos orquestados, solo con el fin de rellenar los rincones de la soledad... ​ P.D.:  La soledad, a veces, se convierte...