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TRECE AÑOS

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           Anduve caminos y subí montañas, pero también caí en profundos acantilados. Sobrevolé el suelo al son de las guadañas; con sueños imaginados y versos asustados alcé de nuevo el vuelo. ​Reinventé la brisa que acariciaba mi cara y argumenté la dicha para sentirme renovado. Conseguí hazañas y maltraté los premios que ocultaban mis temores errados. Cómplice del tiempo, maniquí de sus despropósitos, errante discípulo de las prisas y el viento, dejando al descubierto las premisas y los juramentos. ​Reflexioné en largas noches de invierno sobre mis intentos, así como en el calor veraniego me despreocupé de mis desalientos. Llegué a la conclusión de que, si algo quiero después de trece años, es continuar extrayendo la savia de mis sentimientos girando a mi alrededor... ​ P. D.: Tiempos de aniversarios, tristes y alegres, como la vida misma: una de cal y otra de arena...

TRECE DE OCTUBRE

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       Ajustando la métrica de los sueños ingrávidos, donde la asimetría de los sentimientos empuja los llantos en la oscuridad. Como cada trece de octubre, como cada día, toca renacer por dentro. Tal cual, como el alba al amanecer. ​Porque no existe la sordera del corazón ni tampoco la distracción de los sentidos; santos y locos que buscan auxilio perpetuo en recuerdos que nunca desaparecerán. Son estelas del pensamiento marcando el ritmo de la vida y su carrusel girando a mi alrededor. ​Mágica luz entre la opacidad del destino y la fragilidad que alimenta el tiempo y su largo camino. Sigo vivo, interpretando la dicha de sentirte a mi lado, de contrarrestar el paso de los años por las ausencias y el reencuentro que aún está por descifrar. ​ Pd: No existe el tiempo, tampoco el olvido, si te esfuerzas en reinventar un paso después del otro...

LO DIFÍCIL, LO FÁCIL

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       Lo difícil no es dejarse ver; lo difícil es dejarse sentir. Exponer los sentimientos desnudos, sin atisbo de timidez, sin complejos; planteando la dicha o las desdichas con todos sus entuertos. ​Es fácil dejar al descubierto las vergüenzas, deslizarse por la brisa o sentir el tránsito de miradas indiscretas. ​Lo difícil no es dejarse ver, lo difícil es dejarse sentir: desatar el corazón, dejar volar el alma sin temor a perder la batalla. Es fácil mostrar la envoltura, no así el interior; es fácil bordear la risa, no así el dolor. ​Lo difícil no es dejarse ver, lo difícil es dejarse sentir. Lo fácil es lo que ves; lo difícil... aquello que no ves. ​ P. D.: Lo fácil es imaginar; lo difícil es hacerlo realidad. .

MANTENER EL TIPO

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      Mantener el tipo ante esta situación es armarse de paciencia. Solo así seré capaz de llegar donde no se llega con la ansiedad pegada a los huesos.  Sin duda, es el constante ajetreo en el que vivo normalmente el que me arrastra sin medida, obligándome a dejarme llevar por las prisas , sin pararme a pensar. ​Mientras, girando a mi alrededor, las ganas se diluyen en disfrutar de lo que realmente importa. ​pd: ​Es lo que tienen las prisas... Si te ha gustado esta reflexión, igual esta otra también te puede gustar.

LA CONDICIÓN

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En completa desigualdad de palabras y hechos, me encuentro perdido, absorto por la situación. ​Calibrando la tensión y sopesando la disfunción, mucho me temo que, agotada la emoción, el tiempo pone a cada cual en su rincón. Allí es donde la luz besa la redención frente a la vida y frente al mundo, en perfecta comunión. ​Cuando se pierde el control de respuestas que no tienen preguntas, es tan solo desesperación. ​No subestimes los tiempos muertos: agazapados están tras las sombras. No desfallezcas; todo es cuestión de proponerse el triunfo como única condición. ​ P. D.: Nada que perder, todo que ganar...

CASUAL O PREMEDITADO

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Trata de colorear su encuentro, casual o tal vez premeditado, mientras piensa si desnudar la sorpresa o vestir la evidencia. No siente vergüenza, tan solo el atisbo de correspondencia. ​Decide ser consecuente, sin enmascarar la experiencia por una posible derrota. Sin pensarlo dos veces, se arma de paciencia y vuela sin alas con total indiferencia. ​Alardea con insistencia, como quien no reconoce la forzada coincidencia a través de los vientos de unos pinceles envalentonados por la certeza de su conciencia. ​El resultado... un encuentro casual o, tal vez, reinventado. ​ P. D.: Mejor intentarlo que sucumbir a la derrota.

MIENTRAS

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Vuelve el amanecer a mi ventana. Otra noche que cae sin poder reaccionar ante las luces de la realidad, mientras el sol se adentra por las rendijas de mi persiana diseñando un nuevo día y enlazando filigranas. ​Es una frágil sensación esta en la que la vida cambia, al tiempo que se descubren las deudas contraídas con la oscuridad en susurros de promesas con la almohada. Bordeando la orilla de mi cama, suena el recuento de sueños no inventariados y la probabilidad de los deseos computados. ​Entonces te acercas y me das un beso; un beso que nadie podría olvidar, mientras vuelve el amanecer a mi ventana. Un día más, un día menos. ​ P. D.: Un día más, un día menos…