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HIERRO, SAL Y ALMIZCLE

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  Bajo el paraguas de una noche que no admite intromisiones, el sudor continúa su camino hasta volverse caligrafía sobre tu espalda. Ya no arrendamos la felicidad; ahora somos los dueños legítimos de este, nuestro rincón clandestino. ​Aquí el tiempo es más que un contrato sin cláusulas: es un rehén al que decidimos no liberar. La única ley es el pulso que dicta la piel contra el lino frío, bajo el peso de las estrellas como únicos testigos. ​El despertar no es risueño; es denso y magnético. Es el reconocimiento de las ninfas en el desorden de las sábanas, donde tus vacíos y los míos han dejado de ser espacios para convertirse en moldes. ​No hay tintineo acaramelado. Solo queda el silencio profundo de quien ha viajado por el tiempo a través de un roce, con el alma desahuciada de toda lógica y, en la dermis, el rastro de un incendio pasado. ​Soy el centro de tu calma tras la tormenta, un coleccionista de la geografía de tu descanso. La dualidad se ha resuelto: ya no somos versos ...

QUINCE SEGUNDOS DE TANGO

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 UN TANGO SOBRE EL AMOR Y EL TIEMPO Nuestro abrazo es un tango que bailamos en silencio, al compás de la piel, entre el humo y el vino. Quince segundos de amor, de besos y olvidos: el mundo se detiene y tu mirar es mi destino. Se nos rompe el tiempo en un soplo de aliento; afuera, el ruido del mundo se torna un desierto. No importa el mañana, ni el frío, ni el viento, si en este abrazo certero, por fin te tengo. La luz de un farol dibuja tu espalda y mi abismo. Este instante es un puerto, un refugio, un acierto, donde el amor se rinde y el cielo se estremece, naufragando en tu pecho a ritmo de tango. Que se callen las voces, que se apague el ruido, ya no existe el desierto, ni el miedo, ni el frío. Son quince segundos de resurrección: si el tango se acaba... de nuevo me quedo, amarradito a tu cintura, muriendo de amor. P. D.: Que ruede el destino, que pase la vida, que el tiempo se pierda en algún rincón. Si el tango se acaba, no habrá despedida: somos un solo abrazo... y un mismo...

VIVIENDO EL INSTANTE:EL ARTE DE HABITAR EL PRESENTE

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REFLEXIONANDO SOBRE LA PRESENCIA DE LO INVISIBLE Es aquí, donde solo estoy de paso, donde quisiera convertirme en un minuto de tu tiempo. Quizás sean premoniciones líquidas al tacto que desafían la rigidez de la costumbre, mientras ofrendo mi pulso hacia lo más alto. ​No importa la precariedad de mis sentimientos; sé que no es fácil sostenerse así, con el rostro expuesto a la intemperie de lo incierto.  Avanzo frente a un paisaje desguazado, oculto tras un motín luminoso, en este conjunto de ideas breves anotadas al dorso donde todo se regenera. ​Es cuestión de sobrevivir, de subsistir... y, en ese breve instante, perderme en la eternidad de tu mirada. ​También me pierdo en las sombras de tu ausencia, en esa grieta por donde se filtra lo que aún no nos atrevemos a decir.  No pretendo ser el ancla de tu destino, sino el rastro del viento sobre el agua: esa leve presencia que altera el orden de tu calma. En esa fragilidad encuentro mi fortaleza; soy la llama que no teme a las ce...

CÁRCEL DE SOLEDAD

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El otro día, observando cómo el sol se ponía sobre un campo teñido de rojo, no pude evitar pensar en la naturaleza indomable de las amapolas. Son como 'mariposas de seda', frágiles pero valientes, que nacen donde quieren aún en su cárcel de soledad... Mariposas de seda en el trigal, gotas de sangre bajo el sol; nacen sin permiso de nadie, ni del invierno que se marchó. ​Tallo fino, ondeando al viento, copa roja con la que brindar; suspiros de solo un momento que nadie puede domesticar. ​Crecen así de valientes donde otras no se atreven a brotar. No las guardes en frío cristal: su alma necesita la libertad. ​Eres tan real como la amapola, tan frágil, sutil e independiente, que tu aroma y tu luz me llevan, de flor en flor, hasta tu boca... ​ P. D.:  Porque, si las cortas, de pena dormirán bajo la reja de su cárcel de soledad... Y...¿tú? ¿También sientes esa conexión con la belleza efímera de las flores silvestres? ¿Alguna vez has intentado cortar una amapola y ha...

EL RASTRO DE LO IMPOSIBLE

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  Hay una luz que no pertenece a los ojos, sino a la memoria que se niega a envejecer. Al encender este fuego, no solo se disipan las sombras del frío invierno, sino que se invoca al niño que aún corre descalzo por el pasillo, buscando el rastro de lo imposible. ​Es la magia de reconocer que, aunque hoy el espejo me devuelva un rostro distinto, el corazón sigue latiendo con las mismas ganas de quien espera un milagro al alba. ​Cuidar y alimentar la ilusión no es un juego de niños; es la resistencia más pura: la de creer que, mientras mantengamos vivo el asombro, siempre habrá un motivo para sonreír antes de que salga el sol.

UNA FELIZ NAVIDAD

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  Un año más la Navidad vuelve sin llamar, sin pedir permiso. Se instala despacio, casi de puntillas, y me encuentra de nuevo: algo distinto, pero no distante. ​Sentado frente al fuego la escucho llegar. Ya no viene como antaño, envuelta solo en asombro; ahora trae memoria. Un equipaje cargado de nombres, de ausencias que saben sentarse cerca sin hacer ruido, de recuerdos que brillan más que cualquier adorno. ​La Navidad ya no intenta prometerme nada; se limita a recordarme quién fui y quién sigo siendo cuando el silencio se aposenta girando a mi alrededor y, sin ruido, habla. ​La contemplo mientras arden las llamas en la hoguera y sigo creyendo en ella como cuando era un niño, cuando se quita el disfraz del exceso y se queda en lo esencial: en una mirada que no necesita explicación, en un gesto pequeño que llega antes que las palabras. Hay una belleza sencilla en el frío que enrojece la piel, en el olor de unas castañas asadas, en las calles donde algunos caminan deprisa y otros s...

CUANDO PASAN LOS AÑOS

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Pasan los años girando a mí alrededor, uno detrás del otro y de nuevo, vuelta a empezar; los lugares se marchitan, otros florecerán en su lugar. Lo que antes eran sonrisas, ahora solo son un recuerdo fugaz.​ ​El viento a toda prisa, dejó de soplar, locuaz figura que el tiempo intenta borrar, más no hay espejo que pueda ocultar, las señales inequívocas de los sueños estancados en algún rincón que ya no brilla igual. ​Hay que renegociar, gritarles a las sombras, que aún soy capaz de volver a despertar, asumiendo el pasado como escuela y el presente como secuela de un futuro donde mi mejor tarea es la de vivir cada instante como si fuera el último... ​No hay tiempo perdido, ni rincón para mendigarlo, si el corazón es la medida y el alma el templo de nuestra dirección para recrear cada ilusión. ​P.D. ​Y bueno sería recordar  que la única herida que no cicatrizará, será aquella que el miedo se niegue a tocar... Si te gustó la entrada... esta otra también te podría gustar.