Pasan los años girando a mí alrededor, uno detrás del otro y
de nuevo, vuelta a empezar; los lugares se marchitan, otros florecerán en su
lugar. Lo que antes eran sonrisas, ahora solo son un recuerdo fugaz.
El viento a toda prisa, dejó de soplar, locuaz figura que
el tiempo intenta borrar, más no hay espejo que pueda ocultar, las señales
inequívocas de los sueños estancados en algún rincón que ya no brilla igual.
Hay que renegociar, gritarles a las sombras, que aún soy
capaz de volver a despertar, asumiendo el pasado como escuela y el presente
como secuela de un futuro donde mi mejor tarea es la de vivir cada instante
como si fuera el último...
No hay tiempo perdido, ni rincón para mendigarlo, si el
corazón es la medida y el alma el templo de nuestra dirección para recrear cada
ilusión.


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