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Mostrando entradas de octubre, 2026

Girando a mi alrededor cumple 19 años.

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Supongo que, después de tantos años, también he cambiado la manera de mirar lo que escribo. ​Hay cosas que antes me parecían imprescindibles y hoy las dejaría pasar sin detenerme demasiado. Otras, en cambio, siguen apareciendo cuando menos las espero, con esa insistencia de quien conoce el camino y no necesita preguntar dónde está. ​Me ocurre que a veces entro en Girando a mi alrededor con una idea clara, releo un párrafo antiguo y descubro que aquel que lo escribió tenía algunas respuestas que yo todavía andaba buscando. También encuentro errores, muchos, frases que habría resuelto de otra manera y sentimientos que ya no sabría explicar del mismo modo. ​Pero no los borraría. Sería como corregirle la memoria a alguien que fui y que, aunque ya no piense exactamente igual, tuvo sus razones para dejarlo escrito, por más que el tiempo haya dejado su huella. ​Diecinueve años dan para mucho. Incluso para perder las ganas durante una temporada, mirar las estadísticas y preguntarse si alg...

TRECE DE OCTUBRE

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  A veces pienso que, si pudieras asomarte un instante a mis pensamientos, encontrarías al mismo niño de entonces, ese que se inventaba cualquier disparate para arrancarte una sonrisa y después se quedaba mirándote, satisfecho, como si acabara de hacer la cosa más importante del mundo. ​Aún hoy me sale esa forma de hacer el tonto cuando algo me duele demasiado, aunque ya no estés para decirme que deje de hacer payasadas. Hay cosas que se quedan con nosotros sin pedir permiso, recuerdos que uno cree olvidados, hasta que un día vuelven y te ocupan la cabeza. ​Me pregunto qué dirías al verme ahora. Sigo con mis manías y mis cabezonerías, ya sabes que hay cosas que no suelen cambiar, como esa forma tan mía de darle vueltas a lo que a veces no tiene explicación y que siguen rompiéndome la cabeza. ​Seguro que encontrarías algún defecto que señalarme, y es que no vamos a idealizarlo todo: qué bien me conocías. A lo mejor me reñirías por preocuparme tanto, por querer resolver con la cab...

Mañana volveremos a poner cada cosa en su sitio.

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  La prudencia absurda de quien aprende a desconfiar. De nuevo siento ese instante extraño en el que ninguno de los dos reconoce haber dado el primer paso. Tal vez tu mano o la mía buscara la contraria sin demasiada intención, como quien comprueba con los ojos cerrados si todavía queda calor al otro lado de la cama. Pero no quiero hablar de esas pequeñas cosas que sirven para rellenar poemas cuando no se sabe qué decir. ​Prefiero quedarme con tu respiración mientras duermes a mi lado, con ese pequeño cambio que hace el aire cuando nos acercamos demasiado. ​Hay una parte de mí que todavía desconfía de la felicidad y se preocupa por la letra pequeña que aparece después de firmar. Aun así, quisiera olvidarme de ello porque me gusta mirarte cuando te arreglas el pelo. ​Me pasa solo contigo; no solo cuando te peinas, te duchas o te secas, sino simplemente cuando te observo a mi lado. No sé si eso debería preocuparme o si precisamente ahí empieza lo verdadero. ​Con el tiempo se apren...