Llegaste a mi vida como quien no quiere llegar a nada. Mostraste interés por mis lágrimas, esas que caían por mis mejillas a través del tiempo y el vacío. Todo contribuyó a que te contara mis penas, teñidas con pinturas del color de la alegría, aunque estuvieran enmarañadas, desencantadas o emborronadas.
Pero llegaste y me llenaste de buenas palabras, de buenas intenciones. Fue entonces cuando me subiste al caballo de tus sueños, instaurando en mí lo mejor de las mañanas.
Ahora, cuando me recreo en tus miradas o comparto el umbral de las sábanas enamoradas, comprendo que llegaste como quien no quiere nada; y, de pronto, ese «todo» se convierte en aquello que nos enamora de la parte contraria, en lo único que necesitamos para continuar.
PD: Es bueno, de vez en cuando, agradecer cuánto de hermoso tenemos a nuestro alrededor.

Siempre se ha dicho que de bien nacido es ser agradecido...esta claro que agradecer lo bueno que nos rodea es necesario...pero también lo es entender que lo bueno que tenemos es merecido...al menos yo así lo creo...y en tu caso, amigo mio, aun mas...Hermosas palabras para hermosos sentimientos...un abrazo, Josh
ResponderEliminarla vida es eso, saber agradecer mientras se disfruta día a día de tantas cosas bellas que nos ofrece la vida, gracias a ti también por compartirlo, siempre es un placer para los sentidos poder leerte! abrazzzuusss mil!!
ResponderEliminarTú lo agradeces como nadie...
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