Quisiera acostumbrarme, pero no puedo; quisiera ser fuerte y ser un poco extraño, pero no puedo. Sabía que ya no te encontraría, pero aun así quería despedirte. Quería decirte que, aunque pareciera haberse apagado tu vela, solo lo parece, porque tu luz y la de aquellos que tanto echo de menos seguirá encendida allá donde los recuerdos no se olvidan. Allá donde la memoria necesita ser eterna para que la vida siga siendo vida.
Hago mía esa coletilla, esa que solías decir muy a menudo para recordártelo: «¿Estamos...?». Un beso y un abrazo dondequiera que estés...
P.D.:
Los huecos son difíciles de llenar con las ausencias, por eso quisiera no dejar de recordar para mantenerlos cerca…
Ciertamente eso de que nos acostumbramos a todo es falso...
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